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Historia de la contabilidad: de las fichas de barro a la nube

La contabilidad es más antigua que la escritura y, según algunos arqueólogos, la causa de que la escritura existiera. Este recorrido va de las fichas de barro de Mesopotamia a los nudos de los incas, de un fraile de Venecia a la primera hoja de cálculo, y termina en lo que no ha cambiado en cinco mil años.

Primer plano de una inscripción en escritura cuneiforme tallada en piedra
Foto: Ersan Yılmaz, Pexels

Un escriba, una caña y una tablilla

Hace más de cinco mil años, en Uruk, una ciudad a orillas del Éufrates, un escriba presiona una caña sobre una tablilla de barro húmedo. No escribe un poema ni una ley. Anota cuánta cebada entró en el granero del templo y cuántas raciones salieron. Muchos de los textos más antiguos que se conservan en el mundo son exactamente eso: cuentas.

Esta es la historia de cómo esa necesidad, saber qué se tiene, qué se adeuda y a quién, atravesó cinco milenios hasta llegar a su navegador.

Antes de la escritura, las cuentas

Mucho antes de las tablillas, los pueblos de Oriente Próximo contaban con pequeñas fichas de barro: un cono, una esfera o un disco por cada medida de grano o cada animal. Según la arqueóloga Denise Schmandt-Besserat, con el tiempo esas fichas se guardaron dentro de sobres de barro sellados y se marcaron por fuera para saber qué contenían. Luego bastaron las marcas, y las marcas sobre barro plano se convirtieron en signos. Si su teoría es cierta, la escritura nació para llevar cuentas.

Los nudos de los incas

Al otro lado del mundo, el Imperio inca administró millones de personas sin escritura alfabética. Lo hizo con quipus: cordeles de algodón o de lana con nudos, en los que la posición de cada nudo marcaba unidades, decenas y centenas. Especialistas llamados quipucamayocs registraban en ellos tributos, almacenes y censos, y los leían ante las autoridades. Era un sistema decimal, portátil y verificable.

Venecia, 1494

La partida doble no la inventó una sola persona. Los comerciantes y banqueros de las ciudades italianas la usaban desde al menos el siglo XIV: anotaban cada operación en dos cuentas, una en el debe y otra en el haber, para que los libros se controlaran a sí mismos. Lo que faltaba era quien la explicara a todos.

En 1494, el fraile franciscano y matemático Luca Pacioli publicó en Venecia la Summa de arithmetica, geometria, proportioni et proportionalita. Uno de sus capítulos, Particularis de computis et scripturis, describía el método veneciano: tres libros (el memorial, el diario y el mayor), cada asiento en dos cuentas y un balance que debía cuadrar. Gracias a la imprenta, recién llegada, el método recorrió Europa. Pacioli era, además, amigo de Leonardo da Vinci, que dibujó las ilustraciones de otro de sus libros, De divina proportione.

Una invención del espíritu humano

Tres siglos después, la partida doble ya era tan natural en los negocios que entró en la literatura. En la novela de Goethe Los años de aprendizaje de Wilhelm Meister, el comerciante Werner la llama «una de las más bellas invenciones del espíritu humano».

Con los ferrocarriles y las grandes fábricas del siglo XIX llegaron los problemas nuevos: cómo repartir el costo de una locomotora entre los años que dura, cómo rendir cuentas a miles de accionistas. Nació la profesión moderna. En 1854, la Sociedad de Contadores de Edimburgo recibió su carta real, y con ella el título de contador colegiado.

De la máquina de sumar a la hoja de cálculo

Durante un siglo los libros se llevaron a mano, con ayuda de máquinas de sumar y, después, de grandes computadoras en las empresas que podían pagarlas. En 1979, Dan Bricklin y Bob Frankston lanzaron VisiCalc para el Apple II, la primera hoja de cálculo para computadoras personales. Mucha gente compró un Apple II solo para usarla. Por primera vez, un pequeño negocio podía rehacer en segundos lo que antes costaba una tarde de calculadora.

Lo que no ha cambiado

Del barro a la nube cambió casi todo: el soporte, la velocidad, el alcance. Lo esencial sigue igual. Cada operación se registra una vez, en orden y con su prueba. Cada importe va dos veces, al debe y al haber. Y lo que se escribió no se borra: se corrige con un nuevo asiento, para que cualquiera pueda seguir la historia. El escriba de Uruk y el fraile de Venecia reconocerían sus reglas en cualquier libro contable bien llevado de hoy.

Dónde entra Aconta Online

Aconta Online es el método de Pacioli en el navegador: libro diario y libro mayor, cada asiento con su debe y su haber, y un sistema que se niega a registrar uno que no cuadre. Lo registrado nunca se edita; se corrige con un contra-asiento, como manda la tradición. Funciona en catorce idiomas y explica cada término en su glosario. La primera empresa es gratis, sin tarjeta.

Preguntas frecuentes

¿Quién inventó la contabilidad?

Nadie en particular. Las cuentas existían antes que la escritura, en Mesopotamia. La partida doble la desarrollaron los comerciantes italianos y la difundió Luca Pacioli en 1494.

¿Quién fue Luca Pacioli?

Un fraile franciscano y matemático italiano que en 1494 publicó en Venecia la primera descripción impresa de la partida doble, dentro de su Summa de arithmetica. Era amigo de Leonardo da Vinci.

¿Cuáles son los registros contables más antiguos?

Algunas de las tablillas de barro más antiguas de Mesopotamia, de hace más de cinco mil años, son registros de grano, ganado y raciones de los templos.

¿Qué era un quipu?

Un conjunto de cordeles con nudos que los incas usaban para registrar números: tributos, almacenes y censos. La posición de cada nudo indicaba su valor en un sistema decimal.